EDUCACION DE LA AFECTIVIDAD. UNA PROPUESTA EDUCATIVA DESDE EL PENSAMIENTO DE TOMAS DE AQUINO.

Autor: ROQUEÑI RELLO JOSE MANUEL
Año: 1999
Universidad: NAVARRA
Centro de realización: UNIVERSIDAD DE NAVARRA
Centro de lectura: FILOSOFIA Y LETRAS
Director: ALFAREJOS MASOTA FRANCISCO
Tribunal: MARTINEZ MARTIN MIGUEL , SANTOS CAMACHO MODESTO , BARRIO MAESTRE JOSE Mª , NAVAL DURAN CONCEPCION
Resumen de la tesis

La educación de la afectividad en última instancia plantea el problema del dominio emocional del hombre. Recientemente diversos autores han abordado este tema, resaltando su importancia en la educacion puesto que con cada vez más claridad se comprueba que las buenas relaciones humanas presuponen el gobierno adecuado de la propia subjetividad. Mas la practica pedagógica que proponen tales autores en su mayoria, consiste en un dominio teórico y discursivo, el cual poco resuelve la cuestión. Desde la filosofía clásica, Tomas de Aquino enseña que los sentimientos son fuerzas interiores que exigen un dominio suave mediante dos virtudes cardinales formadas en la subjetividad. Estas, lejos de anegar la afectividad o controlarla despóticamente, la dirigen convenientemente en provecho de la acción buena y eficaz. De este modo, la templanza es la virtud que modera los movimientos tendenciales que se dirigen al bien sensible, entre los que destaca el placer, emoción fundamental para la constitución corporal. Por su parte, la fortaleza permite la resistencia y afirmación del bien humano frente a los diversos obstaculos sensibles y afectivos que se presentan en la acción del individuo, como puede ser el temor, emoción mediata que retrae a la actividad. Si bien en general la afectividad se encauza mediante estas virtudes, en el planteamiento global del crecimiento interior del hombre ambas constituyen la base primaria para el desarrollo personal y social. En efecto, la afectividad es el punto de union entre lo corporal y lo espiritual y, por tanto, de su correcta disposición depende el uso propio de la racionalidad. Por ello es que durante la infancia los padres buscan formar en la actividad ordinaria del niño una serie de habitos, partes de la templanza, que ordenan el interior subjetivo especialmente cuando tiende a dispersarse. En la adolescencia resulta prioritario formar aquellos otros hábito, partes de la fortaleza, que evitan el desorden emocional propio de esa etapa evolutiva.
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